
El disparador es el recuerdo de una mirilla que escondía los sonidos más gloriosos que se podían tocar, pero estaban distantes, su olores deliciosos se esparcían por cada neurona, por cada dendrita, por cada célula. Una invasión en todo el ser.
Recuerdo un parlante vibrando, el niño sordo lo tocaba y bailaba con cada vibración. Recuerdo a un actor gritando en una escena «Bailar en la guerra, bailar en la guerra!»
Recuerdo una música que los bajos eran tan bajos que vomité, que tuve vértigo, que tengo vértigo y no pude bailar más.